Confianza Emocional
Esta semana la inteligencia artificial ha ocupado gran parte de mis jornadas, y en algunas de ellas, como os he ido comentado en las útimas entradas en este blog, con una relación directa con las personas.
Queda claro que las máquinas no tienen el talento de las personas, la inteligencia emocional (no me gusta llamarlo inteligencia emocional, porque las inteligentes son las personas que saben qué hacer con sus emociones, no las emociones en sí, pero bueno), decía que la inteligencia emocional, es un factor que nos diferencia a las máquinas de las personas, y lo que debe marcar la diferencia en una apuesta en la que convivan personas y tecnología, que es por donde va el futuro.
Ahora bien, en ocasiones uno se encuentra en situaciones paradójicas como la siguiente: ¿se fía la persona humana de las máquinas y de la tecnología? Seguro que habrá multitud de opiniones a esta preguna entre los que leáis este blog, y posiblemente entre el sí y el no, existan también alternativas.
Sin embargo, me da la sensación que aquellas personas que no se fían de la tecnología, realmente no se fían de sí mismas, y como su control emocional interno limita la confianza subjetiva, externalizan esa confianza hacia aquellos factores que interfieren en sus vidas.
Supóngase que se cuenta con cierta tecnología que permite a la persona humana automatizar la revisión de un determinado componente. A modo de ejemplo, el nivel de aceite del coche, a través de una alarma que se activará cuando la atención del dueño del coche sea necesaria. ¿Tiene sentido mientras tanto revisar periódicamente, o incluso diariamente el nivel de aceite del vehículo? ¿Por qué una persona que sabe que de antemano que no va a confiar en la tecnología que le permite olvidarse del control del nivel del aceite compra un coche que disponga de tal tecnología?
Como veis, en estos casos se realiza una inversión económica importante en muchas ocasiones, para después echarla al traste porque internamente, la persona no es capaz de liberar su desconfianza, y dado que tiene un problema interno emocional, no se fía de la tecnología.
Desde luego, sí que sale más barato cargar con ese lastre a la tecnología, que comenzar la expedición emocional interna del individuo, donde en cada etapa del viaje, uno encuentra facetas de sí mismo que insospechaba.
Como veis, esta semana me he centrado en la interacción entre la tecnología y las personas, y realmente la reflexión semanal, en línea con la innovación “tecno-social”, podría ser la siguiente:
¿Tiene sentido un futuro tecnológico dentro de una sociedad con desconfianza emocional, o precisamente serán las personas que no sean capaces de conocerse emocionalmente las que sufrirán a medida que la tecnología se adentre en sus vidas?
Buen fin de semana,
Alberto Conde Mellado
~ por Alberto Conde Mellado en octubre 30, 2009.
Escrito en Gestión emocional, Innovación, Movimiento Emocional
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