Agilidad en los puntos lentos, velocidad de crucero en los rápidos.
Buenas tardes tengan todos.
Febrero ha arrancado con una fugaz visita a Madrid, en la que nuevamente he podido apreciar en varios aspectos, la gran afinidad entre el vivir del día a día y la empresa.
Hoy os quiero hablar del esfuerzo de aumentar el rendimiento de alguna actividad que es componente de otras subactividades. Mi reflexión, me lleva a creer que lo transcendente no es el rendimiento de la mejor subactividad, sino el rendimiento de las subactividades que reducen la media. Se trata por lo tanto, de mejorar en la zona lenta, para poder mantener la velocidad de crucero en la zona rápida. Si además podemos aumentar la velocidad en la zona rápida, mejor que mejor, pero lo que realmente nos ralentizan, son las zonas lentas.
Para entender este concepto de una forma más sencilla, os propongo dos casos reales a modo de comparación, que no tienen nada que ver con el mundo empresarial, pero enseguida les encontraréis similuitud.
El primero es un viaje por la autopista. El coche que conducimos es capaz de alcanzar los 200 km/h, aunque legalmente no está prohibido sobrepasar los 120 km/. Sin embargo, tendemos a correr en las zonas rápidas, las de 120 km/h, cuando realmente los momentos que bajan la velocidad media del trayecto son los peajes, el repostaje, etc. Si se invierte en utilizar algún sistema que evite la parada en el peaje, el pago en metálico, las vueltas, el ticket, y finalmente la barrera, se agilizará la zona lenta. El TAG o VIA-T de autopista permite en parte este avance, pero está lejos aún de agilizar el trayecto por autopista, y por lo tanto, siguen existiendo zonas lentas. En cambio, se compensa esa zona lenta con temeridad, haciendo que el vehículo supere la velocidad establecida por ley como máximo, o por el contrario, con resignación por no poder minorar el tiempo de trayecto total.
El segundo ejemplo es el transporte por avión. Aquí quizá es más claro todavía. La zona rápida es el vuelo, y además es muy rápida. 45 minutos entre Donosti y Madrid. Sin embargo, la zona lenta es más duradera que la zona rápida en sí: 45 minutos antes para el checking, maletas, embarque, situar el pasaje, desembarque, maletas, y viaje final de llegada a destino. Por lo general, la zona lenta rondará los 90 minutos, o incluso algo más. Es cierto que las zonas lentas han mejorado en este caso (checking online, selección de asiento, maletas como equipaje de mano, …) pero hay muchas otras que siguen reduciendo el impacto de este medio de transporte en determinados viajes.
¿Y en la empresa? El cliente número 1, el que mejor paga, el que más dinero invierte en la empresa, es muchas veces el foco de aumento de rendimientos futuros. Es la zona rápida, donde el rendimiento es bueno y además estable. Sin embargo, buscamos ligar el rendimiento global a esa actividad individual, corriendo el riesgo de un exceso de velocidad, y por lo tanto de una multa que nos deje sin carné. En este caso, sin cliente. Las zonas lentas son por contra, aquellos proyectos pequeños, que como son pequeños, no se le prestan la misma atención, pasan desapercibidos, etc. Incluso los gastos diarios pequeños, que como no son gastos elevados, no se tienen en cuenta para mejorar la rentabilidad. Estas zonas lentas están siempre presente en las empresas, y una vez me dieron un consejo que hoy me atrevo a publicar aquí: “los millones se guardan solo. Los que acostumbran a perderse son los céntimos”
Dicho esto pues, sólo resta detectar las zonas lentas e incluir mecanismos en nuestras organizaciones que nos permitan evolucionar en la velocidad para atravesarlas.
saludos,
alberto conde mellado
